O sabemos si flotando en el sueño o rodando por la tibia ladera de la cercana colina, despierta el corazón de la amada un presentido clamor, que me recuerda aquellos párrafos del futuro poeta de Viento del pueblo escribiendo a su novia: "El día que sientas un gran viento sobre las casas de Cox, que se lleve las tejas, di: ahí viene Miguel" (Cantar de los cantares 2,8-9a):

 


¡U na voz: es mi amado! Ya se acerca
saltando por los montes,
brincando por las colinas.
Mi amado es como un gamo,
un joven cervatillo.

        

Jugando al escondite (al tristrás o al trás como se decía en el siglo de oro), su joven amigo espía por las luces de la casa. Los ojos y los oídos / son siempre niños (9b):


¡A llí está, tras la tapia,
atisba por las ventanas,
acecha por las celosías!


Buen conocedor de la sicología de niños y enamorados, escribe Fray Luis en su comentario al Cantar: "Todo este mostrarse y absconderse, y no entrar de rondón sino andar acechando agora por una parte y agora por otra, es natural de los muy requebrados; y son unos regalos y juegos graciosísimos de amor, que es como jugar al tras con los niños, lo cual se pone aquí con gran propiedad y hermosura de palabras ". Ya lo dice la sabiduría popular: amor que no desatina / no vale una sardina.
 
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