| Escalera
de la copla, donde soñé cuando niño, donde esperé
el porvenir, sin pensar que era yo mismo mi porvenir, mi esperanza,
mi pasado y mi destino. Ahora
que me tengo, sé lo que pude haber perdido sentado en esa escalera
que sube y baja al olvido. Ya
no espero a la esperanza, aunque esperar es lo mío, porque la
esperanza lleva mi nombre y dos apellidos. 
Versos
de rebeldía
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