L Cantar de los Cantares es
una hermosa antología de canciones amorosas, de cantos nupciales. El presente
capítulo se abre con una solemne comitiva de boda real. Jesús de
Nazaret, que gozaba, como invitado, de la explosión de amistad y alegría
de los casamientos y nos ha llegado constancia de su simpático milagro
de Caná (Jn 2,1-10), describe a unos chiquillos molestos porque otros
compañeros rechazan sus propuestas de juego: "Os hemos tocado la flauta
y no habéis bailado (Mt 11,16-19)". Bailaría Jesús en
las bodas, como pone en escena La última tentación de Cristo.
Hasta llegó a afirmar en alguna parábola que "se parece
el reino de los cielos a un rey que celebra las bodas de su hijo" (Mt 22,1-14).
Es
curioso. El Cantar no habla directamente de Dios ni de los hijos. Pero habla de
la pareja, invento de Dios-Amor. Y de fecundidad en la Creacion. No habla de Dios
con nombre y apellidos, pero sus tiernos versos descienden de su Corazón
y a su Corazón conducen. Tampoco se habla de matrimonio. Pero no se vive
la pareja desde el amor libre, sino desde la libre celebración del amor.
No me resisto a resaltar gráfica y musicalmente el fastuoso cortejo de
la boda de Salomón, en momentos en que se marginan, se ignoran, en la liturgia
nupcial de nuestras comunidades, tan necesarios textos de exquisita humanidad
y luminosos valores trascendentes, sólido fundamento del matrimonio cristiano.

A
la vista del novio en andas, acariciado por nube de perfumes, destacada
figura en una numerosa y festiva comitiva de familiares, amigos e invitados,
interroga con aires épicos el Coro (3,6):